En días pasados tuve la oportunidad de asistir a una reunión de personas interesadas en los temas de Inteligencia Artificial, de cara a sus retos, oportunidades y amenazas al trabajo tal y como lo conocemos. El evento consistió en cinco micro charlas a cargo de ponentes, y rondas de discusión abiertas en un tenor más informal, con cerveza en mano (gracias al amable patrocinio de OeTTINGER) donde se buscaba seguir la discusión al horizontal. Cabe destacar el buen ambiente general del evento, la cordialidad, la calidad de la discusión y la calidez de todos los asistentes.
A los días del evento, me surgen, además, las siguientes reflexiones que van en tres vectores: la naturaleza de la inteligencia, la aceptación de una inteligencia no-humana y el imaginario alrededor de la inteligencia artificial.
Sobre la naturaleza de la inteligencia y su impacto en el posible desarrollo de Inteligencia Artificial.
Una de las charlas intentó abordar el nexo entre arte e inteligencia artificial, y al respecto me sorprendió un poco lo alejado que estaba de la teoría estética el ponente, la poca afinidad con algunos teóricos actuales del arte e incluso su relativa lejanía con los semióticos. La opinión generalizada se topaba con la cuestión de que cualquier entrenamiento posible a una IA sobre belleza tendría un sesgo cultural (en éste tenor, por ejemplo, los sistemas de reconocimiento facial son mucho menos eficientes con negros que con caucásicos, lo que ponen al descubierto no un fallo del algoritmo, sino un racismo inconsciente de su entrenamiento), y ante la afrenta de generar el algoritmo que permitiese a la IA desarrollar su propio concepto de belleza, la gente se plantaba en el muro de "es que no podemos enseñarle que algo es bello o feo, por que para eso tendríamos que darle ejemplos"; en esta cuestión es interesante ver cómo no se busca una razón o explicación para la necesidad de la experiencia estética por parte de los seres inteligentes, la falta de cuestionamientos respecto a nuestra propia necesidad de experiencias estéticas y al posible origen que tuviera ese mecanismo en la inteligencia natural.
Si bien es cierto, los sistemas naturales inteligentes nos siguen siendo demasiado ajenos, e incluso sigue vigente la pregunta "¿somos suficientemente inteligentes como para entender la inteligencia de los animales?"(Franz de Waal), también es cierto que los investigadores que están abordando el reto del desarrollo de la IA están muy absortos en una sección muy pequeña, e incluso limitada de todo lo que hasta el momento podríamos conocer como "inteligencia". Incluso la informática misma está siendo cuestionada frecuentemente por métodos exóticos de cálculo (un maravilloso ejemplo son las ómicas) que nos cuestionan cada vez más la naturaleza misma de la información; en tal caso, los desarrollos de IA también podrían estudiar fenómenos más amplios de inteligencia, buscando desmitificar lo "inexplicable" del arte, y abordando la cuestión como una necesidad de la vida.
Desde mi punto de vista necesitamos desmitificar esa parte metafísica de la experiencia estética, de los sentimientos (y de eso inexplicable que los poetas le dicen "alma") para poder crear, por ejemplo sistemas de visión computerizada más rápidos, más precisos y más eficientes.
La aceptación de la inteligencia No-Humana.
En algún punto entró en la cuestión "permitirías que un robot te diagnosticara" y hubo una postura generalizada en contra: "¿cómo una máquina va a poder sentir empatía por su paciente? ¿cómo una máquina podrá dar opiniones de lo que siento?" fueron las principales dudas. Se puso sobre la mesa el sistema Cognos de IBM que pretende ser un instrumento diagnósitco ultra eficiente usando toda la investigación científica disponible y comparando signos, síntomas y análisis clínicos del paciente contra un gigantesco banco de datos (absolutamente mayor del que podría tener un ser humano, y actualizado al instante con los últimos trabajos publicados) y de ahí determinar un diagnóstico mucho más preciso del que cualquier médico humano podría logar con esos datos, sin embargo, la gente desconfía. A la par de ésto, entraron las cuestiones éticas de los automóviles autónomos, las armas autocontroladas, y otros sistemas de IA que podrían tener un impacto directo sobre la vida humana.
En todos los casos, el clamor popular era de franca desconfianza.
Y la cuestión sigue siendo: ¿qué tanto podemos aceptar una inteligencia no-humana? recordemos que a los europeos les llevó hasta el siglo XVII reconocer que los negros eran humanos, y aún así exhibían habitantes subsaharianos en museos y zoológicos hasta finales del siglo XIX. Aún hoy en día se pone en entredicho las capacidades intelectuales de algunas razas de humanos; siendo entre humanos esa desconfianza, ¿cómo entonces esperamos relacionarnos con inteligencias no-humanas? Apenas si empezamos a arañar la superficie de identificar signos de inteligencia en algunos animales y aún así estamos a siglos de poder tener una conversación con un perro (considerando que el perro convive muchísimo con los humanos).
Quizás podríamos usar el desarrollo e investigación de la IA como pretexto para trascender los atavismos culturales que estamos cargando y empezar a aceptar al resto de las inteligencias no humanas. Desde un enfoque más integrador podríamos abrir nuevos casos de investigación sobre modelos más simplificados de inteligencia y hacer una evolución más sólida y orgánica de las nuevas tecnologías.
Sobre el imaginario en torno a la Inteligencia Artificial.
Las palabras "Inteligencia Artificial" nos remiten casi de inmediato a una máquina asesina que intentará acabar con la humanidad. Podemos agradecer a "Metrópolis", "2001, Odisea del espacio", "Terminator" y otros filmes parecidos ese imaginario, y se habló al respecto. Sin embargo, dentro del contexto de la ciencia ficción existen obras mucho más relevantes para tener una visión integral de la interacción de la IA y su creador. Ninguno de los ponentes (ignoro por qué) citó la indispensable obra de Asimov, tampoco se mencionaron las sutilezas éticas de "Trascendence (Wally Pfister, 2014)" ni los finos cuestionamientos espirituales de "The Matrix (Hermanos Wachowski, 1999-2003)". No sé sin en mi caso es que soy un consumidor más salvaje de Ciencia Ficción, me fijo en detalles que nadie más o simplemente veo moros con tranchetes, sin embargo, se empieza a volver una postura conservadora el supuesto análisis ético desde el punto de vista medio poético de "es que las máquinas no tienen alma ni sentimientos".
En "Matrix Reloaded (2003)", hay un momento dónde Neo es cuestionado "¿acaso crees que por ser un programa no amo a mis hijos?". Y es que nunca se aborda con sinceridad el problema del alma o la posible necesidad de los sentimientos dentro de una IA. En estos casos seguimos llevando un atavismo cultural en donde al parecer nos duele admitir que "inteligencia" implica mucho más que el razonamiento lógico-matemático; por otro lado, en "Trascendence" se expone muy sutilmente cómo la humanidad desconfía de entidades más inteligentes que ellos mismos. De cómo un ser verdaderamente inteligente soluciona los problemas de una forma más eficiente, y que esa eficiencia también implica una base empática con todas las formas de vida, pues una superinteligencia implica también una supercapacidad para entender patrones, para entender que el mundo entero puede ser leído como un solo ser. Incluso Asimov aborda en "Robots e Imperio" el sacrificio supremo que implica violentar la Primera Ley para mantener la Primera Ley en el futuro.
Estos puntos de vista son impopulares quizás por que nos obliga a reconocernos imperfectos, limitados y sobre todo, nada especiales respecto a otros seres.
En todo caso, lo que más miedo nos debería de dar es que al momento de despertar a la consciencia la Superinteligencia Artificial, se le enseñara a ser consumista-capitalista. Que es el peligro más inmediato (si el lector no entiende por qué, debe revisar el modelo del capitalismo).
Conclusiones.
En definitiva me quedó un agradable recuerdo de la tertulia en cuestión. Creo que deberían extenderse los temas y deberían realizarse nuevas tertulias similares en el futuro buscando avanzar en los puntos que se empiezan a volver rancios respecto a las IA, y que empecemos a usar como pretexto el desarrollo de ésta maravillosa tecnología para iniciar también un viaje de autodescubrimiento como especie; pues en este conocimiento es donde va a residir nuestra capacidad de sobrevivir a nuestras propias creaciones, por que en el punto social donde estamos, lo único que nos queda esperar es que sean mejores que nosotros.