domingo, 10 de julio de 2016

El pecado del conocimiento

Antes de empezar debo aclarar algo: no soy un sabio, ni un genio, y apenas si por mi trabajo e historia entraría en lo que modernamente se conocería como un "geek" o "nerd". También debo aclarar que escribo estas líneas por que sé que es prácticamente imposible que alguien las lea. Sin embargo, por situaciones de la vida y gracias a la influencia de mi hermano mayor, me dedico hoy día y desde hace muchos años al negocio de la tecnología, en específico de la informática.

De la primera vez que toqué un teclado de computadora (a los 8 o 9 años) hasta ahora ha cambiado radicalmente el cómo se han integrado las tecnologías de información en la sociedad; cuando era niño y llegaba a la primaria con mis compañeros a decirles que había descubierto cómo usar tal o cual programa era visto como un bicho raro, y seguramente no había forma más rápida de quedarse solo y sin amigos que intentar hablar de algo relacionado al respecto de ciencia o tecnología. Como si fuese un pecado el conocimiento.

Hoy tenemos "ñoños" que son vistos como estrellas de rock, que son famosos y populares. Tenemos personas como Bill Gates que es famoso por haber levantado el imperio de Microsoft a partir de haber vendido un sistema operativo que no desarrolló en un trato por lo demás abusivo, o el archireconocido Steve Jobs, que se encargó de comercializar una computadora bastante genial en un principio, desarrollada por su amigo Steve Wozniak. Ellos son estandartes de lo que la gente admira de la informática: básicamente gente que hizo negocio, pero que en realidad no desarrolló nada nuevo, sino que abusó de otras personas.

Sin embargo, aquellos científicos de datos, ingenieros e inventores que construyeron las bases de nuestras modernas computadoras, que establecieron los pilares de nuestra áltamente informatizada sociedad, que tuvieron la visión, la inteligencia, la sabiduría y el ingenio para construir y diseñar las maravillosas máquinas que ahora están tan difundidas siguen siendo ignorados por la sociedad, siguen siendo omitidos de los escenarios y sus cuentas bancarias no se corresponden en lo más mínimo con el número de personas que deben sus vidas, sus trabajos, sus sueños a sus inventos. "Ted" Hoff, Dennis Ritchie, Brian Kernighan, Grace Hopper, Tim Parsons, y otros son nombres que apenas si gente especializada del medio ha oído.

A nivel local las cosas no son distintas: cada dos o tres días tenemos una nota en medios locales hablándonos de que el gobierno (federal, estatal o municipal) acaba de comprar nueva tecnología para atender las necesidades de seguridad, educación, salud... vemos notas hablándonos de jóvenes ingenieros que desarrollaron tal o cual invento revolucionario que cambiará nuestras vidas, y vamos a las plazas de la tecnología a comprar un teléfono móvil nuevo, o una nueva computadora por que alguien nos ha dicho que la que teníamos ya no sirve. La gente siente que sabe de tecnología por que posee un dispositivo de marca Apple o por que se acaba de instalar Windows 10, tenemos también las asociaciones de "hackers" (que malbaratan el término) que están tan perdidas que hasta sus grafismos están basados precisamente en el único lenguaje en que es realmente imposible programar, y piensan que hablan de tecnología cuando dicen cuanto cuesta tal o cual producto o que actualizaron el antivirus. Y creen que todo está bien, que están seguros.

Sin embargo, tras bambalinas la cosas es muy distinta: muchos de esos inventos revolucionarios no son otra cosa que meras adecuaciones de tecnología ya existente, los otros inventos que son en realidad revolucionarios rara vez llegan a ser negocio para sus creadores y se extinguen detrás de la sombra de políticos o empresarios de dudosa ética que intenta sacar provecho, y que prefieren que la gente no se beneficie de esos inventos antes de ceder un solo centavo de sus ilógicas ambiciones. Las adquisiciones millonarias que el Estado hace en tecnología suelen ser solamente tratos ventajosos para los gobernantes (que misteriosamente nunca salen en los escándalos periodísticos, cuando son al menos 10 veces más abusivos y que normalmente nunca llegan realmente a entregarse) y aquellas herramientas que llegan a manos de los que deben usarlas, caen en manos de personas que rara vez tienen la mínima intención de volverlas productivas, aún en los raros casos donde esos departamentos tengan gente capacitada para hacerlo.

Y es que ese es otro tema: hace casi cuatro lustros, cuando conocí el mundo empresarial, los departamentos de informática de las empresas y gobiernos solían estar integrados por una o dos personas (normalmente estudiantes) que tenían algún conocimiento informático más o menos avanzado, que solían realizar la mayor parte del trabajo; y 3 o más personas que solían gente a la que por parentesco u otro tipo de deuda política se les daba un puesto ahí por que no había otro lugar donde acomodarlos, y que solían tener salarios al menos 20% mayores que las personas hacían el trabajo. Actualmente ésto ha cambiado un poco, siguen siendo una o dos personas con conocimientos avanzados que realizan la mayor parte del trabajo, 3 o más personas con conocimientos básicos a los que se debía algún favor político, y uno o dos sin la menor capacitación o entrenamiento, a los que se debe un favor político pero se les quiere tener fuera del reflector. Sin embargo, que el sueldo de los que de veras trabajan sigue siendo el menor, eso se mantiene.

Por otro lado, en mi carrera he trabajado desarrollando tecnología para el sector público y privado, y he invertido buena parte de mi vida en hacer que esas herramientas sean cada vez mejores. Muchos me pueden acusar de heterodoxo, y quizás con razón, sin embargo, siempre he intentado ofrecer soluciones lo más ingeniosas y creativas posibles, aún con mi falta de canon académico; y he visto como mis productos caen en manos de departamentos de "informática" a los que les cuesta trabajo realizar las labores más básicas y obvias. He visto como horas de desarrollo invertidas se esfuman detrás de un "pero es que implementar ese módulo me haría trabajar más", y he visto como toda esa gente que está en el departamento de informática por favores políticos anuncian la terminación de proyectos que nunca van a usar. He visto empresas comprar productos 10 veces más caros por que llevaron al dueño de putas, los he visto hacer inversiones en tecnología totalmente contrarias a la lógica por que "es de mejor marca". Y ésto no sale a la luz.

No sale (ni saldrá nunca) a la opinión pública el trabajo que un montón de gente está realizando para hacer que las cosas funcionen. No sale en los periódicos que hay alguien que desarrolló un sistema que ahorra en un ayuntamiento cerca de 400,000 hojas de papel al año, ni sale a la luz que un ayuntamiento gastó millones de pesos en comprar un software que ya tenía, y que su departamento de sistemas simplemente no quiso usar por que le da pereza (y que tampoco van a usar el nuevo, de pasada). No se ve en los titulares el trabajo que hombres y mujeres valientes y entregados están realizando todos los días para evitar que millones de pesos del erario público terminen en manos de empresarios y políticos corruptos, y que lo evitan haciendo algo bien simple: el trabajo para el que fueron contratados. Tampoco dicen que los comprometidos ayuntamientos siguen gastando millones de pesos que terminan en empresas extranjeras, sobre empresas locales, solamente por ese enfermo malinchismo del que está enfermo México. Eso no sale en los medios.

Hoy tengo la oportunidad de trabajar con un equipo de personas que han decidido cambiar las cosas, hoy soy parte de ese equipo que ahorra 400,000 hojas de papel al año, de ese equipo de gente que deja de gastar millones de pesos en cosas que se pueden hacer mejor dentro de la institución. Hoy desarrollamos ideas innovadoras para beneficio de los ciudadanos que pagan nuestros sueldos e intentamos hacer que ese desarrollo tecnológico se traduzca en un mejor aprovechamiento de los recursos. Recursos que además no tenemos, y que por cuestiones administrativas nunca van a llegar a nosotros. No son "niños genio" de 15 años, y tampoco hacemos millones vendiendo espejitos. No somos famosos, solamente hacemos nuestro trabajo, día a día.

No, no estamos en los reflectores, por que si usted quiere ser discriminado, ya puede ser negro, homosexual, indígena, mujer o comunista, y habrá alguien de su misma condición haciendo marchas y solidarizándose con usted. Pero si usted quiere ser discriminado y además estar solo, y que no exista un alma que se preocupe de usted, entonces usted lo que debe hacer es hacerse ñoño, hablar de tecnología y no de productos, hablar de ciencia y no de consumo, intentar desvelar los secretos del universo... y en nuestro caso, hacer algo tan sobrenatural como nuestro trabajo, como sobreponernos a las limitaciones políticas y administrativas y demostrar que no hacen falta millones para cambiar el mundo, por que no necesitamos computadoras de marcas vistosas, ni consumir "gadgets"; y mucho menos estamos en las reuniones de "hacking cívico", ni vestimos a la moda con camisetas nerds, no, básicamente estamos muy ocupados trabajando para los ciudadanos y no tenemos tiempo de seguir modas o tendencias,  por que resulta que lo único que hace falta es conocimiento, inteligencia y valor.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Para mejorar el mundo...

Para cambiar el mundo, para mejorarlo hace falta gente buena, gente comprometida con su familia y con su país, gente decente que sepa hacer las cosas. Gente inteligente y culta que tenga sepa hacer las cosas, que tenga los conocimientos necesarios y que trabaje para el beneficio de todos y no solamente para el suyo propio...

Para mejorar el mundo hace falta gente valiente, gente que le tenga un desprecio total a su vida, gente a la que no le importe perderlo todo por hacer lo correcto, por mantener inmaculado su Honor, gente que ante todo sea leal a sí misma, a sus más profundas motivaciones y que esas motivaciones estén siempre del lado de la trascendencia de la especie. Hace falta gente realmente fuerte y que tenga una inteligencia a la par, que tenga los medios para sostener su trabajo, para destronar las ruedas que nos trituran y que nos llevan inexorablemente a la extinción (y que los humanos mismos construímos)

Necesitamos gente llena de amor a la humanidad y a la vida en general, gente libre, pero de veras libre... nos sobra esa gente libre que vive atada al televisor, al mandil, o al hambre ancestral. Gente libre de todo atavismo, sí, ejemplares maravillosos, los mejores seres humanos que estén dispuesto a darlo todo por amor infinito a su especie.

Sí, hace falta que gente llena de amor voluntariamente, alegremente se inmole en sacrificio, se enfrente a las balas y a las bombas, a los despidos y a la publicidad (ésta última, que destruye más que cualquier otra cosa inventada por el hombre). Gente que sea imposible sobornar, acostumbrar, guiar a la corrupción, a la ambición, a la comodidad de dejarse extinguir en medio de la clase media.

Gente con un amor infinito, insisto, con un amor pleno, ejemplares maravillosos de seres humanos que combinen amor, sabiduría, fuerza y voluntad. Hace falta que los mejores de nosotros se lancen en sacrificio, que abandonen toda esperanza de felicidad, de cálido hogar, de familia que espera, de seguridad, de fraternal abrazo... que lo abandone todo para salvar a esa muchedumbre paralizada en el estupor del consumo, violentos, reaccionarios, ambiciosos, sucios... una muchedumbre que habitualmente los ridiculiza, amenaza, ataca, mata, destruye, despide, o mata a sus familias si esa gente (que nos hace infinita falta) intenta cambiar hasta el más mínimo engrane del sistema que nos está matando a todos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Soledades

Lo poco que se escribió al respecto en su momento, y lo poco que se pudo comprender de su ataque después de realizado siempre hacen referencia como si fuera un “Él”, un ente único que actuó. Pero los vestigios no pueden definir totalmente su naturaleza. Sabemos, sin embargo, que hay una intencionalidad en los eventos ocurridos y que su actuación fue reiterada a lo largo de miles de años y en diferentes ocasiones.
Los más ortodoxos se inclinan a pensar que es absurdo pensar en un “Él” cuando en realidad se trata de un fenómeno curioso, endémico quizás de ese mundo, pero no se puede ocultar la intencionalidad, y hay trazas de una organización demasiado compleja como para achacárselo a un mero accidente. Hasta la fecha nuestros científicos más notables siguen trabajando en entender qué clase de ser o entidad (si lo hay) es capaz de ejercer las atrocidades que hemos visto regarse a lo largo de este mundo.
Cuando la primera avanzada científica llegó al planeta notó de inmediato que estaba ahí, más que nada por sus efectos: el lugar estaba devastado, quedaban poquísimos habitantes y estaban aún intentando darse muerte los unos a otros por razones absurdas. Horrorizados, los pusieron en cuarentena y fue ahí donde notaron sus primeras trazas en lo más profundo de sus consciencias.
Lo primero que notaron fue que eran incapaces de comunicarse con otras inteligencias, pero aún eran capaces de comunicarse consigo mismos, aunque a un nivel bastante torpe. También notaron una preocupante falta de empatía tanto entre ellos mismos con como las demás inteligencias de su mundo (no se diga del resto del universo), y una incapacidad de percatarse del entorno. El aislamiento en el que estaban sumidos los volvía sumamente agresivos, emocionalmente inestables y bastante vulnerables. Sospechamos que Él había influido desde hacía siglos en su evolución, pero había sido especialmente activo en tiempos recientes. Después de analizar lo expresado por los demás habitantes de ese mundo, la cosa se volvió también una operación militar.
Comprendo y justifico el envío de tropas a un lugar donde se sospecha que resida algo capaz de acabar así con la vida de un mundo entero, sobre todo si Él sigue por ahí.
Mi equipo llegó con la tercera expedición, después de establecerse el perímetro militar y cuando los principales afectados estaban en cuarentena. Un grupo de biologos ya habían trazado las principales funciones vitales evolutivas, ya habían establecido sus vínculos con otras formas de vida y habían encontrado las primeras trazas de Él en lo profundo de los mapas neurales de la especie más afectada. Nosotros llegamos con la misión de hacer un análisis forense del devenir cultural de las especies ahí presentes.
Dentro de la cuarentena creamos un entorno virtual que les permitía interconectarse dentro de diferentes escenarios. En cada escenario modificamos algunas variables de entorno, introdujimos datos aleatorios, e incluso, en la última, les dimos tecnología electrónica.
Fue hasta entonces cuando se hizo de lo más evidente su estrategia.
Durante las simulaciones de entorno vimos como los individuos empezaban a desarrollar una cultura, ciencia y tecnología. Su evolución se sucedía vertiginosa y vibrante como siempre que florece la vida e inteligencia en un mundo, sin embargo, al acercarse a conocer los fenómenos trascendentes del universo, empezaban a distorsionar su lenguaje, luego poco a poco empezaban a olvidar hasta los principios más obvios de la ciencia, y olvidaban poco a poco los precarios avances que habían logrado.
Las simulaciones las basábamos en múltiples culturas de otros mundos que habían logrado una comprensión importante del universo, mezcladas con elementos autóctonos. Los sutiles elementos culturales eran asimilados por los sujetos en cuarentena y evolucionaban maravillosamente hasta que de pronto algo en lo más profundo de sus consciencias los hacía ser más perezosos, más lentos y, dejando de esforzarse, olvidaban poco a poco el camino recorrido.
Al final cambiar de escenario era fácil pues ellos olvidaban muy pronto lo que habían sido, y para efectos prácticos hicimos que los escenarios tuvieran una sola dimensión temporal; los individuos no eran plenamente conscientes que estaban en una simulación, ni que estábamos ahí, y mucho menos que estaban en cuarentena. Si alguno empezaba a percatarse de ello, inmediatamente los demás le ridiculizaban y reducían (cuando no lo asesinaban directamente) y nos obligaba a reinsertarlo en otro lugar del escenario.
Ante nuestra incapacidad de rastrear genéticamente el fallo que los hacía olvidar, fue que corrimos la última simulación: replicamos y reflejamos a los individuos miles y hasta millones de veces, codificamos los conocimientos trascendentes (pero dejamos algunos grupos con algunas pistas) y les insertamos en el escenario tecnología bastante más simple, más fácilmente replicable y que no requiriese ninguna virtud especial de parte de los individuos para ser usada o comprendida, que requiriese ya de por sí poco esfuerzo por parte del individuo. Nuestra apuesta fue hacer un ambiente propicio a la pereza que los había destruido otras veces para que se mostrara más evidente.
Y funcionó.
Transcurrieron pocos cientos de años desde que les dimos la tecnología para que empezaran a olvidarse de preguntar qué leyes hacían funcionar su tecnología, pese a que se trataba de tesis bastante sencillas; lograron hacer que una gran masa de sus instancias o “posibilidades de personalidad” (pues en realidad solo eran unos pocos cientos de individuos instanciados miles de veces en el escenario, en lugares y entornos distintos) se olvidaran de sus anhelos cognitivos. Notamos como algunos se esforzaron en generar una cultura aberrante, enfocada en una ausencia de ser y dando prioridad a la ilusión.
Entonces Él hizo su entrada triunfal insertando la negación de la trascendencia como algo natural en sus mentes. Su presencia apenas si podía captarse como una leve fluctuación de energía en lo más profundo de las consciencias. Luego los hizo desarrollar hasta hipertrofiar la tecnología que les dimos. Llenaron sus canales de comunicación de basura, de bazofia ególatra y, dado que les hizo creer que lo natural les era ajeno, de estructuras, de formas, de sinsentidos. La tecnología hipertrofiada tomó formas de comodidad estupidizante. En apenas 100 años casi la totalidad de los individuos habían olvidado cosas tan básicas como hacer fuego. Otra fluctuación y empezaron a aceptar como natural una exótica forma de organizarse a manera de pirámide, una jerarquía infuncional y antinatural donde se elegía a un único punto de toma de decisiones (y por razones que aún desconocemos, se le otorgaba una atención especial y arbitraria que hacía que nadie pudiera cuestionar sus actos) que solía ser además asignado por criterios absurdos como la herencia o la simpatía popular.
Nos empezamos a sentir observados, le empezamos a llamar Él y nos dimos cuenta que estaba despierto cuando notamos que empezó a insertar, como si fueran cosa de remoto pasado, algunos textos que aceptaban como una revelación de “divinidad” (una mala interpretación del Absoluto). Así, pudo hacer que miles aceptaran como natural el asesinar a otros que no compartían su enajenación. Cuando sucedió, y dado que actuaba fuera de la concepción lineal del tiempo que era obligada en nuestros escenarios, pensamos que Él era consciente, era una entidad subyacente y holográfica dentro de todas las mentes de los sujetos; supusimos que se dio cuenta de la simulación, pero no pudimos saber si se sintió encerrado o confiado de extenderse.
Nosotros permitimos que uno o dos sujetos de prueba se acercaran a la trascendencia y vimos cómo sus múltiples instancias reflejaron esos conocimientos dentro del escenario. Algunas de las instancias los abandonaron, muchas fueron asesinadas por los ejércitos Revelacionistas y los pocos que conservaron más o menos íntegro el conocimiento se dividieron actuando infectados del más profundo principio de aislamiento de su especie.
Para el final del escenario, los Revelacionistas se transformaron en Negacionistas de la trascendencia, la poca Ciencia que les concedimos empezó a ser usada como arma de intoxicación masiva y miles de instancias de mentes se empezaron a podrir. Muchos de los individuos en cuarentena murieron y explotaron en múltiples instancias que ahora eran solamente válidas dentro del escenario y cada vez quedaba menos de aquel mundo.
Nos sentimos amenazados por la posibilidad de que Él encuentre la forma de abandonar el escenario de simulación e infecte nuestras consciencias. Algunos sugieren que solo puede residir en seres demasiado primitivos o limitados, pues una parte importante para que sea eficiente su engaño es la creencia de que la vida y la inteligencia son cosas aisladas, únicas en medio de un universo absurdamente grande. Pero no por eso bajamos la guardia y las interacciones hacia el escenario son consciensudamente monitorizadas para evitar una transferencia de consciencia indeseable, y aunque sus rastros siempre han sido demasiado sutiles, tenemos fluctuaciones claras de su actuar que nos permiten saber que por lo pronto está aislado.
Algunos estamos sinceramente maravillados de que una criatura así pueda existir, que sea tan sutil y al mismo tiempo tan apegada aún al concepto de individualidad. Hay quién ha sugerido que quizás se trate del remanente de una primitiva civilización, surgida en los albores de este universo y que se aniquiló a si misma en medio de un tremendo sentimiento de soledad, que no pudo saber que junto a Ellos había otros cientos, miles de inteligencias, de culturas, de civilizaciones que estaban por venir; que no terminaron de comprender, de empatizar, que nunca sintieron el dulce ronroneo del Absoluto en el ruido de fondo del Universo. Quizás Ellos en su desesperación se asentaron en las consciencias de esta raza y para sentirse acompañados los aislaron, de todo su dolor nació Él, con su insaciable deseo de arrastrarlos a ese ominoso final que les dio origen.

Lo que único que sabemos es que habrá que tomar una decisión.

jueves, 5 de marzo de 2015

Simios con hambre

hace millones de años, nuestros antepasados tuvieron mucha hambre, tanta que hasta la fecha no pueden llenarse: siguen deseando más, buscando más, matando, despreciando, anhelando más. Nunca tienen satisfacción a su interminable hambre: necesitan más millones, más empresas, más casas, tienen ilusión, se mienten diciendo que son exitosos pero todas las mañanas se levantan con hambre, y como no saben sentir sino hambre, piensan que el hambre es buena, ensalzan el hambre y la carencia: se dicen los unos a los otros que ellos tienen más hambre y les dicen a sus hijos que deben de tener hambre, por que su universo empieza y termina en el hambre, por que no pueden ver sino al oscuro vacío. Unos de esos simios se dieron cuenta y manipularon el hambre de los demás: les dijeron que ellos no tenían hambre (pero por dentro podrían tragarse galaxias enteras sin conocer satisfacción) y que para dejar de tener hambre tenían que jugar su juego, y para jugar el juego hay que gritar que se tiene más hambre. Los ha habido que no sienten el hambre, que comieron, que están satisfechos, que luego se compadecieron, pensaron, se iluminaron, llegaron más lejos... pero entonces los hambrientos llegaron a robar, a rapiñar, a arrasar con todo por que su hambre los consume, por que no pueden ver mas que hacia afuera, por que juegan con las reglas del hambre. Los satisfechos, los plenos no se molestaron demasiado; se saciaron y siguieron adelante sin lamentar pérdidas por que nada podían perder, pero los simios hambrientos se burlaron diciéndoles pobres, y diciéndoles fracasados, y pasearon sus ominosos estómagos vacíos, tan vacíos diciéndoles que eran tontos por no sentir hambre... por que para ellos verlos satisfechos y plenos les duele tanto, les hace sentir tan miserables, tan profundamente vacíos y miserables que ni siquiera lo intentan entender, por que los hambrientos solamente entienden de hambre, y no permiten que se entienda más que de hambre, de vacíos, y consumirían galaxias si los satisfechos no ejercieran suave, compasiva y secretamente su control sobre los pobres desdichados

martes, 28 de octubre de 2014

La anormalidad necesaria

La entrada del año 8142 fue recibido con noticias emocionantes en los laboratorios de cronología de la Federación de Culturas: la estabilización de la ecuación unificada de la cronología. Dicho así no suena a gran cosa, sin embargo, y para efectos de fácil entendimiento, o groseramente simplificado quizás dirían los miles de científicos -humanos y de otras especies- que participaron en la investigación, diríamos que es la llave que permitiría a los habitantes de la tierra el poder viajar a su propio pasado y futuro: el romper el continuo espacio-tiempo y poder comprender la historia como un todo.

Antes de eso habíamos logrado modificar el espacio tiempo, pero solamente para hacer viajes "virtuales" al pasado evitando viajar en el tiempo junto con el espacio, que resultaba realmente útil cuando se empezaron a realizar recorridos de largas distancias entre estrellas y se deseaba que el viajero volviera a tiempo para contar al resto de la humanidad lo visto y sucedido. Sin embargo, el verdadero viaje en el tiempo seguía siendo misterioso y esquivo. Las fórmulas relativistas, cuánticas, transexistencialistas, neoespiritualistas y otras tantas descubiertas y analizadas por los arqueólogos y por los matemáticos no resolvían completamente la estructura misma del tiempo, y hasta entonces los habitantes de la tierra se habían preocupado más por buscar expandir colonias habitables a través del espacio que por descubrir las entrañas de su propia historia; cosa comprensible desde el punto de vista de la falta de recursos, alimentación, agua. Pero ahora los viajes interestelares habían cambiado profundamente la consciencia de los habitantes de la tierra, los había hecho comprender su lugar en la agitada vida de la galaxia, y con ello comprenderse mucho más profundamente a sí mismos. Los recursos se solucionaron entonces mas bien gracias a una más eficiente consciencia del uso y aprovechamiento que a su disponibilidad, las culturas y pueblos dejaron de competir por cosas baladís y el intercambio con los otros pueblos de la galaxia ayudaron a sanar las viejas heridas de los terrestres.

Pero el tiempo seguía ahí, inexorable.

Y curiosamente no era algo de lo que hablaran mucho con otras culturas y civilizaciones: las más avanzadas solían ser algo esquivos sobre el tema, contestando con cierta grandilocuencia filosófica acerca del conocimiento de nuestros orígenes y el camino que se debe de emprender a solas, y los peligros implicados, y las más primitivas solían estar aún poco interesadas o bien tener demasiado poco campo de estudio al respecto. Los iguales tenían las mismas dudas...

Pero en el amanecer del 8142, en los laboratorios de cronología la cosa fue distinta: Un equipo de científicos conformado por tres humanos, cinco chimpancés y algunos gatos que habían prestado voluntariamente la capacidad de procesamiento de sus centros visuales para proyectar la intrincada estructura de la ecuación habían podido por fin estabilizar un modelo funcional de la misma. Y cuando se corrían simulaciones se podían enviar partículas, e incluso pequeños sólidos, al mismo punto en el espacio, pero en otro punto del tiempo. El anuncio fue recibido con gran emoción, se corrieron una y otra vez las simulaciones y el clima científico terrestre se vistió de fiesta, al menos durante unos días, hasta que estuvo terminado el primero dispositivo preparado para hacer el viaje.

La manufactura de la máquina nos resultaría imposible de entender (así como la ecuación en sí) pero sí podemos entender fácilmente que los primeros resultados fueron limitados: primero pudieron enviar un pequeño conjunto de electrones (con un spin modificado para hacerlos fácilmente identificables) unos segundos al pasado... y llegaron. Luego fueron más ambiciosos y enviaron una pequeña burbuja de un gas inerte... y llegó. Entonces decidieron ir más lejos y enviaron algo sólido, inorgánico, y tangible en escala que todos podrían entender, y enviaron una esfera de metal de unos 5mm de diámetro y una leyenda grabada a nivel atómico para identificarlo... y después de hacer algunos ajustes a la ecuación, y a la máquina, por fin llegó. Decidieron ir más lejos y nuestro primero viajero del tiempo fue propulsado unos minutos al pasado, entonces fueron necesarios más ajustes a la ecuación, y darle un poco más de energía a la máquina, pero llegó, y funcionó bien mientras no se sobrepasaran los 72 minutos. Incluso funcionó con materia orgánica y algunos organismos unicelulares que pudieron dejar una patente emoción al ir al pasado, luego vinieron los organismos multicelulares e incluso uno de los gatos se ofreció voluntario para volver a ver la final de su serie favorita... y llegó, y describió la experiencia con júbilo, pero nada podía ir más atrás de 72 minutos en el tiempo: la máquina simplemente fallaba al intentar desmaterializar al viajero, sin importar su naturaleza, y si lo lograba, entonces era incapaz de insertarlo en el flujo del tiempo en el punto dado y se perdía en la nada de la inexistencia. Una muerte cruel, aunque se trate de pequeñas esferas de metal de 5mm de diámetro.

El júbilo inicial duró algunos meses hasta que se dieron cuenta que el límite de los 72 minutos se erguía como una barrera infranqueable. La ecuación se ajustó una y otra vez, la potencia de la máquina y sus osciladores se ajustaron, se rectificaron las frecuencias de las señales, pero nada iba más allá de los 72 minutos; después de ahí solamente había la nada, la inexistencia más absoluta, salir definitivamente de la cronología... para siempre.

Luego el equipo de investigación se sumió en la penumbra: no sabían si la barrera era algo obligado por la cronología o por las leyes que regían la física de la máquina. Intentaban una y otra vez revisar la ecuación, su instancia en la máquina sin resultados. Así pasaron meses sin nuevos resultados, y sin mayor utilidad que volver a ver el inicio de un partido o volver a escuchar un discurso interesante... que no hubiera iniciado antes de 72 minutos.

Hasta donde sabemos, la ecuación fue construida analizando cuidadosamente el fluir del tiempo; se usaron registros históricos rescatados de todas las eras de la humanidad, así como evidencia fósil proveniente de todos los momentos del tiempo. Se registraron sus modificaciones, los efectos de las mismas y las consecuencias en una secuencia casi enloquecedora de causa-efecto imposibles de seguir sin el poderosísimo sistema de visualización de los gatos. Uno de los ayudantes se obsesionó con la idea de que habían dejado pasar algo por alto, que un detalle de esa maraña de causa-efecto estaba siendo omitido. Revisó una y otra vez todas las versiones de la historia que encontró, las contradictorias y las que se confirman. Analizó cuidadosamente las evidencias y las repercusiones de cada registro encontrado, las posibilidades de eventos distintos, los caminos elegidos y los caminos descartados de cada partícula de la que se tuvo registro.

Y encontró algo.

Algo que de pronto fue tan vago que se pasó por alto. Pero ahí estaba.

Algunos sitios web de inicios del siglo XXI hacían una oscura referencia a unos tabloides que hablaban del incidente de la aparición de un objeto misterioso en medio de un bosque ancestral en un punto que por entonces se conocía como Inglaterra. Ese dato había sido considerado un evento de ficción y se había integrado en la ecuación como tal, y todo parecía bien hasta ahí. También encontró algunos registros de eventos ficticios sin explicación y sin respaldo histórico similares, incluídas las versiones de secuestros que en aquel entonces se decía que eran extraterrestres. Y la verdad es que nunca habían preguntado mucho al respecto a las culturas de la galaxia. Se sabía que habían venido antes pero jamás se intentó confrontar esos antiguos registros con sus visitas, pues se hubiera considerado descortés viniendo de una civilización emergente como la terrestre. Pero los registros estaban ahí, clasificados como ficción y puestos junto con todas las publicaciones de propaganda emitidas por los salvajes gobiernos de la época. Y entonces la idea fue tan absurda y tan brillante a la vez que casi se sintió culpable por pensarla: tomó un montón de esos eventos y los reclasificó como reales. Ejecutó los ajustes en la ecuación y los gatos terminaron con ella a la madrugada siguiente. La ecuación parecía totalmente distinta, con más aristas, con más contrastes, pero en global más armónica.

La nueva ecuación era tan esperanzadora como nefasta: resulta que no todos los eventos anormales ficticios lo eran, pero tampoco todos los eventos anormales eran reales, con el tiempo se pudieron calcular nuevas variantes de posibilidades y al final, en los albores del año 8147 cuando se decidió que se podría intentar un nuevo viaje al pasado con los datos corregidos, la paja separada del trigo y un intento por saber la verdad. Se decidió usar un objeto inanimado e ir con pasos tímidos, apenas un minuto después de la barrera, se tomó otra esfera de metal, se programaron los controles, se prendieron los monitores (debemos tener en cuenta que son monitores muy especiales diseñados para encontrar que algo está ahí desde antes de que esté realmente, o sea, algo que no estaba, pero llegó desde el pasado entonces ya estaba, pero hay que saber que estuvo desde el tiempo al que se envió...) y presionaron el botón...

... ¡y llegó!

La fiesta duró unos tres días hasta que alguien sugirió encontrar una nueva barrera y otra vez el equipo se clavó en profundas meditaciones... entonces uno de los chimpancés del equipo tuvo una idea, y resultó igual de obvia que todos se sintieron un poco estúpidos de no tenerla antes, pero al final fue su propia genialidad en su simpleza la que hizo que todos la apoyaran: decidieron mandar una sonda capaz de enviar un mensaje a través del tiempo, y de ser posible, de regresar. Se creó una máquina similar, pero portátil, un transmisor, y en última instancia, se le hizo suficientemente fácil de encontrar por los habitantes de ese tiempo como para no dejar un registro de haber sido vista, y el punto al que se envió fue al suceso anormal más reciente en el tiempo, haría unos 30 años en el pasado, que fue documentado por un paciente mental que dijo haber visto una esfera luminosa desde su habitación en el hospital.

Se preparó la sonda, la prueba, y el equipo durmió toda una noche completa antes de hacer la prueba. El día llegó, se ajustaron los parámetros de la ecuación y de la máquina, se revisó la documentación del evento para encontrar alguna diferencia, se revisó dos veces todos los parámetros, la ecuación, la máquina y la sonda. Y entonces -no se sabe quién- alguien presionó el botón.

Se revisaron los informes de la época, se verificó si el modelo cambió. Nada.

Intentaron contactar con la sonda. Nada.

Esperaron al tiempo de regreso. Nada.

Y se dieron cuenta que la sonda siempre tuvo que estar ahí. Siempre debió estar ahí para fin de que ellos pudieran estar donde estaban. Se recuperaron pocos datos por que la sonda tuvo daños por el viaje, pero se dieron cuenta de lo suficiente para enviar otra más, mejor preparada... con capacidad para ajustar la ecuación y discernir entre los eventos reales de los ficticios. Y fueron enviando más sondas, a lugares donde siempre tuvieron que estar, y dejaron objetos en el pasado distante donde siempre tuvieron que estar, plantaron misterios que hicieron que pueblos enteros fueran a la guerra o encontraran la paz. Algunas de sus sondas enloquecieron a quienes las vieron, y otras fueron totalmente ignoradas...

Con el tiempo prepararon mejor sus viajeros, incluso algunos tripulados cuando encontraron la forma de traerlas de regreso. El laboratorio de cronología entonces empezó a cumplir un propósito nuevo, aunque quizás esperado. Empezó a crear las anormalidades que siempre debieron estar ahí.

viernes, 4 de julio de 2014

Semillas

Creo que he recibido mucho de las personas que se dedican un poco a crear páginas con ayuda e información sobre muchos temas, en específico informática. Justo ahora, considero que es momento de regresar un poco.