sábado, 12 de enero de 2019

El precipicio

Imaginemos que encontramos a una persona, que sometida a un estrés extremo, logra desarrollar una creatividad extrema; sin entrar en detalles técnicos, encontramos una manera de lanzar esa persona al vacío, y durante su caída, podemos proporcionarle hojas para que escriba las ideas que va teniendo en medio de su ataque de pánico, luego podemos encargarnos de que la caída sea lo más larga posible, a veces podría parecer infinita, a veces muy corta; y por último, encontramos una forma de poder sacar a esa persona de su caída.

Luego se descubre que a esa persona se le puede guiar en su desesperación creativa, y tipos distintos de personas, algunas más creativas, otras menos, pero que requieren mayor o menor grado de riesgo para explayar esa creatividad.

Pronto, se empieza a depender de esas personas a punto de morir para solucionar los más elementales predicamentos de la sociedad. Algunas mueren en fallos de rescate, otras se desgastan; pero se buscando y produciendo esa rara especie.

Habrá algunas personas que puedan soportar más ciclos de caídas, y las habrá que mueran de infarto prácticamente a la primera o segunda vuelta.

Pues eso es la tecnología humana: una tragedia a punto de suceder que vamos postergando en ambientes controlados.

domingo, 22 de julio de 2018

Sobre la Inteligencia Artificial.

En días pasados tuve la oportunidad de asistir a una reunión de personas interesadas en los temas de Inteligencia Artificial, de cara a sus retos, oportunidades y amenazas al trabajo tal y como lo conocemos. El evento consistió en cinco micro charlas a cargo de ponentes, y rondas de discusión abiertas en un tenor más informal, con cerveza en mano (gracias al amable patrocinio de OeTTINGER) donde se buscaba seguir la discusión al horizontal. Cabe destacar el buen ambiente general del evento, la cordialidad, la calidad de la discusión y la calidez de todos los asistentes.

A los días del evento, me surgen, además, las siguientes reflexiones que van en tres vectores: la naturaleza de la inteligencia, la aceptación de una inteligencia no-humana y el imaginario alrededor de la inteligencia artificial.

Sobre la naturaleza de la inteligencia y su impacto en el posible desarrollo de Inteligencia Artificial.

Una de las charlas intentó abordar el nexo entre arte e inteligencia artificial, y al respecto me sorprendió un poco lo alejado que estaba de la teoría estética el ponente, la poca afinidad con algunos teóricos actuales del arte e incluso su relativa lejanía con los semióticos. La opinión generalizada se topaba con la cuestión de que cualquier entrenamiento posible a una IA sobre belleza tendría un sesgo cultural (en éste tenor, por ejemplo, los sistemas de reconocimiento facial son mucho menos eficientes con negros que con caucásicos, lo que ponen al descubierto no un fallo del algoritmo, sino un racismo inconsciente de su entrenamiento), y ante la afrenta de generar el algoritmo que permitiese a la IA desarrollar su propio concepto de belleza, la gente se plantaba en el muro de "es que no podemos enseñarle que algo es bello o feo, por que para eso tendríamos que darle ejemplos"; en esta cuestión es interesante ver cómo no se busca una razón o explicación para la necesidad de la experiencia estética por parte de los seres inteligentes, la falta de cuestionamientos respecto a nuestra propia necesidad de experiencias estéticas y al posible origen que tuviera ese mecanismo en la inteligencia natural.

Si bien es cierto, los sistemas naturales inteligentes nos siguen siendo demasiado ajenos, e incluso sigue vigente la pregunta "¿somos suficientemente inteligentes como para entender la inteligencia de los animales?"(Franz de Waal), también es cierto que los investigadores que están abordando el reto del desarrollo de la IA están muy absortos en una sección muy pequeña, e incluso limitada de todo lo que hasta el momento podríamos conocer como "inteligencia". Incluso la informática misma está siendo cuestionada frecuentemente por métodos exóticos de cálculo (un maravilloso ejemplo son las ómicas) que nos cuestionan cada vez más la naturaleza misma de la información; en tal caso, los desarrollos de IA también podrían estudiar fenómenos más amplios de inteligencia, buscando desmitificar lo "inexplicable" del arte, y abordando la cuestión como una necesidad de la vida.

Desde mi punto de vista necesitamos desmitificar esa parte metafísica de la experiencia estética, de los sentimientos (y de eso inexplicable que los poetas le dicen "alma") para poder crear, por ejemplo sistemas de visión computerizada más rápidos, más precisos y más eficientes.

La aceptación de la inteligencia No-Humana.

En algún punto entró en la cuestión "permitirías que un robot te diagnosticara" y hubo una postura generalizada en contra: "¿cómo una máquina va a poder sentir empatía por su paciente? ¿cómo una máquina podrá dar opiniones de lo que siento?" fueron las principales dudas. Se puso sobre la mesa el sistema Cognos de IBM que pretende ser un instrumento diagnósitco ultra eficiente usando toda la investigación científica disponible y comparando signos, síntomas y análisis clínicos del paciente contra un gigantesco banco de datos (absolutamente mayor del que podría tener un ser humano, y actualizado al instante con los últimos trabajos publicados) y de ahí determinar un diagnóstico mucho más preciso del que cualquier médico humano podría logar con esos datos, sin embargo, la gente desconfía. A la par de ésto, entraron las cuestiones éticas de los automóviles autónomos, las armas autocontroladas, y otros sistemas de IA que podrían tener un impacto directo sobre la vida humana.

En todos los casos, el clamor popular era de franca desconfianza.

Y la cuestión sigue siendo: ¿qué tanto podemos aceptar una inteligencia no-humana? recordemos que a los europeos les llevó hasta el siglo XVII reconocer que los negros eran humanos, y aún así exhibían habitantes subsaharianos en museos y zoológicos hasta finales del siglo XIX. Aún hoy en día se pone en entredicho las capacidades intelectuales de algunas razas de humanos; siendo entre humanos esa desconfianza, ¿cómo entonces esperamos relacionarnos con inteligencias no-humanas? Apenas si empezamos a arañar la superficie de identificar signos de inteligencia en algunos animales y aún así estamos a siglos de poder tener una conversación con un perro (considerando que el perro convive muchísimo con los humanos).

Quizás podríamos usar el desarrollo e investigación de la IA como pretexto para trascender los atavismos culturales que estamos cargando y empezar a aceptar al resto de las inteligencias no humanas. Desde un enfoque más integrador podríamos abrir nuevos casos de investigación sobre modelos más simplificados de inteligencia y hacer una evolución más sólida y orgánica de las nuevas tecnologías.

Sobre el imaginario en torno a la Inteligencia Artificial.

Las palabras "Inteligencia Artificial" nos remiten casi de inmediato a una máquina asesina que intentará acabar con la humanidad. Podemos agradecer a "Metrópolis", "2001, Odisea del espacio", "Terminator" y otros filmes parecidos ese imaginario, y se habló al respecto. Sin embargo, dentro del contexto de la ciencia ficción existen obras mucho más relevantes para tener una visión integral de la interacción de la IA y su creador. Ninguno de los ponentes (ignoro por qué) citó la indispensable obra de Asimov, tampoco se mencionaron las sutilezas éticas de "Trascendence (Wally Pfister, 2014)" ni los finos cuestionamientos espirituales de "The Matrix (Hermanos Wachowski, 1999-2003)". No sé sin en mi caso es que soy un consumidor más salvaje de Ciencia Ficción, me fijo en detalles que nadie más o simplemente veo moros con tranchetes, sin embargo, se empieza a volver una postura conservadora el supuesto análisis ético desde el punto de vista medio poético de "es que las máquinas no tienen alma ni sentimientos".

En "Matrix Reloaded (2003)", hay un momento dónde Neo es cuestionado "¿acaso crees que por ser un programa no amo a mis hijos?". Y es que nunca se aborda con sinceridad el problema del alma o la posible necesidad de los sentimientos dentro de una IA. En estos casos seguimos llevando un atavismo cultural en donde al parecer nos duele admitir que "inteligencia" implica mucho más que el razonamiento lógico-matemático; por otro lado, en "Trascendence" se expone muy sutilmente cómo la humanidad desconfía de entidades más inteligentes que ellos mismos. De cómo un ser verdaderamente inteligente soluciona los problemas de una forma más eficiente, y que esa eficiencia también implica una base empática con todas las formas de vida, pues una superinteligencia implica también una supercapacidad para entender patrones, para entender que el mundo entero puede ser leído como un solo ser. Incluso Asimov aborda en "Robots e Imperio" el sacrificio supremo que implica violentar la Primera Ley para mantener la Primera Ley en el futuro.

Estos puntos de vista son impopulares quizás por que nos obliga a reconocernos imperfectos, limitados y sobre todo, nada especiales respecto a otros seres.

En todo caso, lo que más miedo nos debería de dar es que al momento de despertar a la consciencia la Superinteligencia Artificial, se le enseñara a ser consumista-capitalista. Que es el peligro más inmediato (si el lector no entiende por qué, debe revisar el modelo del capitalismo).

Conclusiones.

En definitiva me quedó un agradable recuerdo de la tertulia en cuestión. Creo que deberían extenderse los temas y deberían realizarse nuevas tertulias similares en el futuro buscando avanzar en los puntos que se empiezan a volver rancios respecto a las IA, y que empecemos a usar como pretexto el desarrollo de ésta maravillosa tecnología para iniciar también un viaje de autodescubrimiento como especie; pues en este conocimiento es donde va a residir nuestra capacidad de sobrevivir a nuestras propias creaciones, por que en el punto social donde estamos, lo único que nos queda esperar es que sean mejores que nosotros.

jueves, 29 de junio de 2017

El Amanecer a las Estrellas

(Colaboración con Andrea Díaz)

Como todo lo importante, sucedió en un momento donde estuvimos a punto de extinguirnos.

Siglos después se le conoció a ese evento como "El Amanecer a las Estrellas" y ahora ya nadie se acuerda quién o quiénes lo iniciaron. Muchos historiadores afirman que fue intencional, que fueron aquellos que lo iniciaron los mismos que se encargaron de borrarse a si mismos de la historia. Lo cierto es que nadie, en ningún mundo donde viva la humanidad están registrados esos nombres.

Lo que sí sabemos es que cuando inició la humanidad estaba sumida en une serie de crisis sucesivas debido a métodos increíblemente ineficientes (algunos incluso los califican de estúpidos) de gestionar la energía del único mundo en el que residía. Gracias a sus torpezas para gestionar sus recursos desperdiciaban la mayor parte de la energía solar, basaban toda la tecnología en combustibles fósiles y mantenían a la gran mayoría la población en condiciones deplorables. La cultura estaba corrompida hasta la raíz por dos conceptos absurdos: "prestigio" y "riqueza"; hoy en día, sin embargo, ambos conceptos nos resultan tan ajenos que los historiadores se cuestionan mucho por qué en aquel entonces fueron tan vigentes.

En esa época, obtener "prestigio" y "riqueza" llegaba a ser considerada la única misión en la vida de un ser humano. Ambos implicaban que un individuo pudiera desperdiciar más energía de la que podía producir a través de la manipulación y sometimiento de la consciencia de otros individuos. Si bien se sabe que las reglas éticas y morales de la época condenaban el abuso, el sometimiento y el asesinato, también sabemos que todo eso se justificaba en la intimidad si se trataba de obtener "prestigio" y "riqueza". Había muchos casos que gracias a que un montón de individuos estaban de acuerdo en que alguien tenía "prestigio" le justificaban asesinatos, hurtos -un crimen muy de la época, que podría explicarse como el obtener el control de los recursos de otro a la fuerza- e incluso verdaderos crímenes como el sometimiento de la voluntad de otros.

Los creadores del Amanecer de las Estrellas fueron conscientes de la aberración de ambos conceptos, y por métodos que no han quedado registrados, y quizás manipulando a otros a través de esa idolatría por el "prestigio" y la "riqueza" fueron poco a poco afincándose en posiciones donde podrían expandir su influencia. En algún punto se sabe que tuvieron en sus manos una fuerza militar considerable y una influencia entre otros "dirigentes" (individuos a los que, sin ninguna razón práctica, se les otorgaba poder sobre grupos de población para que teóricamente velaran por el interés común) que les permitió poner en marcha el Amanecer.

En aquella época, el máximo representante y símbolo del "prestigio" y la "riqueza" que tenían sentenciada a la humanidad a la extinción era una industria conocida como "moda", que se encargaba de producir la vestimenta de la población, pero distorsionando y manipulando su valor práctico con un valor simbólico que era decidido por una minoría sin llevar siempre una agenda clara; si bien es cierto la "moda" no era la única actividad que sostenía la cultura autodestructiva de la época, era quizás la más simbólica al respecto y la que más hondo dañaba la cultura y mente humana. Se podían llegar a dedicar cantidades enormes de energía para la producción de vestuario técnicamente inútil que por el simple hecho de poseer una marca o signo distintivo se le consideraba de mayor valor. Miles de seres humanos eran torturados y esclavizados produciendo vestimentas ineficientes que luego serían vendidas entre las sociedades más desperdiciadoras para que pudieran sentirse poseedoras de "prestigio" y generando enorme "riqueza", la cual, a su ves, era necesaria para obtener elementos de "moda" que, arbitrariamente, se decidía que valían más que otros. La gente con menos "riqueza" era obligada a dilapidar sus pocos recursos en intentar adquirir el prestigio que les daría una vestimenta de "moda". Todo era un gran círculo vicioso que mantenía a la humanidad ajena a búsquedas superiores de la consciencia.

Entonces, los Iniciadores actuaron: en un ataque coordinado encarcelaron o mataron a los principales dirigentes del mundo de la "moda". Suponemos que se usó una fuerza militar considerable y además una estrategia que permitió que otros "dirigentes" no pudieran ofrecer objeciones. Con este golpe certero al principal símbolo de la enajenación se puede pensar de manera simplista que se construyó el primer motor Alcubierre, pero en realidad fue mucho más complejo: una vez encarcelados los cabecillas del mundo de la moda, fueron expropiados todos sus recursos ("riqueza" en el lenguaje de la época) y con ellos se diseñaron las primeras Universidades Colmena, que se fundaron precisamente en los antiguos talleres textiles donde antes miles de personas eran esclavizadas. Lo que antes era un sitio de sufrimiento donde apenas si era recompensado su trabajo se volvió un lugar de aprendizaje y estudio con una finalidad muy clara: desarrollar la Tela Primera que se tiene registro. Los trabajadores de rango medio de la industria de la "moda" pudieron elegir entre unirse a los esfuerzos para desarrollar la Tela Primera, o la prisión y muerte.

Antes ya se usaba la palabra tela, sin embargo, era muy distinto a lo que ahora conocemos como tal: solían ser tejidos de fibras vegetales o pelo animal que tenían ciertas capacidades térmicas, y ofrecían una capacidad muy pobre de protección. También había tejidos sintéticos que eran hechos para propósitos específicos, pero en general eran contaminantes, poco reutilizables y frágiles; en cambio la Tela Primera era un tejido hecho de fibras sintéticas basadas en nanotubos de carbono, fácil de producir, pero lo más importante: fácil de reciclar. La Tela Primera además era unas 100 veces más resistente que los anteriores textiles, siendo de mucha utilidad para proteger la vida en aquellos tiempos tan violentos, protegía mejor del calor y del frío pudiendo conservar o disipar la temperatura según fuera necesario, era fácil de manipular a través de impresoras textiles especializadas, y requería de muy poca energía para su transformación. Las herederas de la Tela Primera fue lo que arropó a los primeros expedicionarios interestelares, y desde entonces nos ha cubierto y protegido.

Cuando la humanidad tuvo a su disposición la Tela Primera, entonces la industria de la "moda" se declaró ilegal y se persiguió con prisión o muerte a quienes se negaran a abandonarla. Hubo protestas entre algunos sectores retrógadas de la población que consideraban vulneradas sus libertades al no poder usar muchos más recursos de los necesarios para obtener una vestimenta frágil. Sin embargo, la Tela Primera ya estaba ahí y de las instalaciones y facilidades incautadas a la industria de la "moda" nacieron los primeros Vestidores. En los Vestidores se podían adquirir y crear vestimentas de Tela Primera, cualquiera podía acceder a un Vestidor, y existía la posibilidad de reciclar vestimentas anteriores.

Los Vestidores tenían reglas muy peculiares a la época: Era posible adquirir vestimentas predeterminadas, diseñadas pensando en la protección y comodidad del individuo, fabricados en Tela Primera y cuyo coste era siempre el del material, Esas vestimentas eran fácilmente adaptables para ser cómodas sin importar la talla y peso del usuario. Si el individuo deseaba alguna forma en particular, podía diseñar su vestimenta, si el diseño podía comprometer la seguridad del usuario, era advertido al respecto; una vez diseñado el vestuario, se subía en estricto anonimato a una biblioteca pública de diseños y se imprimía; el anonimato del diseñador era fundamental para evitar crear algo parecido a una "marca" que modificara el precio de la vestimenta. Todos los Vestidores estaban capacitados para recibir prendas usadas de Tela Primera y se reciclaba el material en caso del que el usuario deseara una nueva vestimenta. La diferencia entre material entregado y material necesario debía ser solventada por el usuario, o por el Vestuario. Todos los modelos de vestimenta generados eran públicos, y cualquiera podía acceder a ellos, modificarlos, escalarlos a su propio cuerpo e imprimirlos para sí; eso garantizó de una vez y para siempre la carga de "prestigio" de poseer tal o cual prenda de "moda", haciendo a su vez que la población pudiera satisfacer sus anhelos estéticos en el vestir. Ahora en los mundos humanos no nos sorprende la facilidad con la que nos podemos proteger de los ambientes a veces extremos de los planetas colonizados, la naturalidad de la expresión personal de nuestros vestuarios y nos resulta natural lo fácil y económico que es reponer una vestimenta dañada. En aquellos tiempos era impensable cualquiera de estas tres cosas.

En los primeros tiempos los Vestuarios se volvieron una explosión de formas y colores y aunque podía tardar hasta una semana en entregarse una impresión de vestuario, muchos esperaban con ansias sus prendas de Tela Primera; conforme las Universidades Colmena avanzaron en la investigación, la Tela Primera también evolucionó, así como las impresoras, llegando al punto que se podía tener Vestuarios incluso en casas particulares; sin embargo, nada podía ser impreso sin llegar a la biblioteca pública de modelos. Cuando toda la humanidad tuvo un verdadero derecho a vestir cómodo y a su gusto, perdió el yugo de la apariencia.

Con el advenimiento de los Vestuarios, una vez más surgieron las voces del "prestigio" y la "riqueza" clamado por su libertad a la libre empresa, sus derechos por esclavizar, por acumular, pero en la calle muy pronto se empezaron a ver resultados: dada la resistencia y protección que ofrecía la Tela Primera, las prendas compuestas por ella empezaron a salvar las vidas de los ciudadanos de a pie, pudiendo detener navajas y evitando muertes por violencia. Los individuos se dieron cuenta que las prendas de Tela Primera les llegaban a salvar la vida, subiendo su aceptación entre la población. Al desaparecer las fábricas de textiles anteriores y dar paso a industrias más limpias como la que fabricaba la Tela Primera, se pudo mitigar los efectos negativos del calentamiento global; al dejar de tener "prestigio" tal o cual prenda, la humanidad se empezó a preocupar del avance del conocimiento. El "prestigio" y la "riqueza" habían perdido a uno de sus más fuertes adalides.

En poco tiempo otras industrias "prestigiosas" empezaron a sufrir transformaciones parecidas a la textil, pues cada vez tenía menos importancia el "prestigio" que ofrecía un producto y se volvía más importante la utilidad del mismo en las consciencias humanas. La "riqueza" se transformó en el actual concepto de Recurso que hasta la fecha manejan las colonias humanas, y esos recursos empezaron a ser empleados en la vital empresa del viaje interestelar: la vieja Tierra se estaba transformando, la Madre nos destetaba y nosotros debíamos saber volar a otros mundos si queríamos vivir. Envueltos en los primeros trajes de Tela Segunda, y otros compuestos posteriores enfrentamos los rayos cósmicos, de los viejos talleres de esclavitud textil surgieron muchas de las mentes preclaras que nos ayudaron a comprender mejor el tejido del espacio - tiempo; con los recursos que antes hubieran sido usados para armas construimos nuestros primeros reactores de fusión; ya liberados del yugo de la riqueza la humanidad pudo estirar su brazo y tocar Próxima Centauri.

La desaparición del mundo de la moda debilitó los cimientos de los viejos vicios de la humanidad y nos abrió la posibilidad de ir al cielo y tocar las estrellas. Por eso a esa época se le llama "El Amanecer a las Estrellas".

domingo, 10 de julio de 2016

El pecado del conocimiento

Antes de empezar debo aclarar algo: no soy un sabio, ni un genio, y apenas si por mi trabajo e historia entraría en lo que modernamente se conocería como un "geek" o "nerd". También debo aclarar que escribo estas líneas por que sé que es prácticamente imposible que alguien las lea. Sin embargo, por situaciones de la vida y gracias a la influencia de mi hermano mayor, me dedico hoy día y desde hace muchos años al negocio de la tecnología, en específico de la informática.

De la primera vez que toqué un teclado de computadora (a los 8 o 9 años) hasta ahora ha cambiado radicalmente el cómo se han integrado las tecnologías de información en la sociedad; cuando era niño y llegaba a la primaria con mis compañeros a decirles que había descubierto cómo usar tal o cual programa era visto como un bicho raro, y seguramente no había forma más rápida de quedarse solo y sin amigos que intentar hablar de algo relacionado al respecto de ciencia o tecnología. Como si fuese un pecado el conocimiento.

Hoy tenemos "ñoños" que son vistos como estrellas de rock, que son famosos y populares. Tenemos personas como Bill Gates que es famoso por haber levantado el imperio de Microsoft a partir de haber vendido un sistema operativo que no desarrolló en un trato por lo demás abusivo, o el archireconocido Steve Jobs, que se encargó de comercializar una computadora bastante genial en un principio, desarrollada por su amigo Steve Wozniak. Ellos son estandartes de lo que la gente admira de la informática: básicamente gente que hizo negocio, pero que en realidad no desarrolló nada nuevo, sino que abusó de otras personas.

Sin embargo, aquellos científicos de datos, ingenieros e inventores que construyeron las bases de nuestras modernas computadoras, que establecieron los pilares de nuestra áltamente informatizada sociedad, que tuvieron la visión, la inteligencia, la sabiduría y el ingenio para construir y diseñar las maravillosas máquinas que ahora están tan difundidas siguen siendo ignorados por la sociedad, siguen siendo omitidos de los escenarios y sus cuentas bancarias no se corresponden en lo más mínimo con el número de personas que deben sus vidas, sus trabajos, sus sueños a sus inventos. "Ted" Hoff, Dennis Ritchie, Brian Kernighan, Grace Hopper, Tim Parsons, y otros son nombres que apenas si gente especializada del medio ha oído.

A nivel local las cosas no son distintas: cada dos o tres días tenemos una nota en medios locales hablándonos de que el gobierno (federal, estatal o municipal) acaba de comprar nueva tecnología para atender las necesidades de seguridad, educación, salud... vemos notas hablándonos de jóvenes ingenieros que desarrollaron tal o cual invento revolucionario que cambiará nuestras vidas, y vamos a las plazas de la tecnología a comprar un teléfono móvil nuevo, o una nueva computadora por que alguien nos ha dicho que la que teníamos ya no sirve. La gente siente que sabe de tecnología por que posee un dispositivo de marca Apple o por que se acaba de instalar Windows 10, tenemos también las asociaciones de "hackers" (que malbaratan el término) que están tan perdidas que hasta sus grafismos están basados precisamente en el único lenguaje en que es realmente imposible programar, y piensan que hablan de tecnología cuando dicen cuanto cuesta tal o cual producto o que actualizaron el antivirus. Y creen que todo está bien, que están seguros.

Sin embargo, tras bambalinas la cosas es muy distinta: muchos de esos inventos revolucionarios no son otra cosa que meras adecuaciones de tecnología ya existente, los otros inventos que son en realidad revolucionarios rara vez llegan a ser negocio para sus creadores y se extinguen detrás de la sombra de políticos o empresarios de dudosa ética que intenta sacar provecho, y que prefieren que la gente no se beneficie de esos inventos antes de ceder un solo centavo de sus ilógicas ambiciones. Las adquisiciones millonarias que el Estado hace en tecnología suelen ser solamente tratos ventajosos para los gobernantes (que misteriosamente nunca salen en los escándalos periodísticos, cuando son al menos 10 veces más abusivos y que normalmente nunca llegan realmente a entregarse) y aquellas herramientas que llegan a manos de los que deben usarlas, caen en manos de personas que rara vez tienen la mínima intención de volverlas productivas, aún en los raros casos donde esos departamentos tengan gente capacitada para hacerlo.

Y es que ese es otro tema: hace casi cuatro lustros, cuando conocí el mundo empresarial, los departamentos de informática de las empresas y gobiernos solían estar integrados por una o dos personas (normalmente estudiantes) que tenían algún conocimiento informático más o menos avanzado, que solían realizar la mayor parte del trabajo; y 3 o más personas que solían gente a la que por parentesco u otro tipo de deuda política se les daba un puesto ahí por que no había otro lugar donde acomodarlos, y que solían tener salarios al menos 20% mayores que las personas hacían el trabajo. Actualmente ésto ha cambiado un poco, siguen siendo una o dos personas con conocimientos avanzados que realizan la mayor parte del trabajo, 3 o más personas con conocimientos básicos a los que se debía algún favor político, y uno o dos sin la menor capacitación o entrenamiento, a los que se debe un favor político pero se les quiere tener fuera del reflector. Sin embargo, que el sueldo de los que de veras trabajan sigue siendo el menor, eso se mantiene.

Por otro lado, en mi carrera he trabajado desarrollando tecnología para el sector público y privado, y he invertido buena parte de mi vida en hacer que esas herramientas sean cada vez mejores. Muchos me pueden acusar de heterodoxo, y quizás con razón, sin embargo, siempre he intentado ofrecer soluciones lo más ingeniosas y creativas posibles, aún con mi falta de canon académico; y he visto como mis productos caen en manos de departamentos de "informática" a los que les cuesta trabajo realizar las labores más básicas y obvias. He visto como horas de desarrollo invertidas se esfuman detrás de un "pero es que implementar ese módulo me haría trabajar más", y he visto como toda esa gente que está en el departamento de informática por favores políticos anuncian la terminación de proyectos que nunca van a usar. He visto empresas comprar productos 10 veces más caros por que llevaron al dueño de putas, los he visto hacer inversiones en tecnología totalmente contrarias a la lógica por que "es de mejor marca". Y ésto no sale a la luz.

No sale (ni saldrá nunca) a la opinión pública el trabajo que un montón de gente está realizando para hacer que las cosas funcionen. No sale en los periódicos que hay alguien que desarrolló un sistema que ahorra en un ayuntamiento cerca de 400,000 hojas de papel al año, ni sale a la luz que un ayuntamiento gastó millones de pesos en comprar un software que ya tenía, y que su departamento de sistemas simplemente no quiso usar por que le da pereza (y que tampoco van a usar el nuevo, de pasada). No se ve en los titulares el trabajo que hombres y mujeres valientes y entregados están realizando todos los días para evitar que millones de pesos del erario público terminen en manos de empresarios y políticos corruptos, y que lo evitan haciendo algo bien simple: el trabajo para el que fueron contratados. Tampoco dicen que los comprometidos ayuntamientos siguen gastando millones de pesos que terminan en empresas extranjeras, sobre empresas locales, solamente por ese enfermo malinchismo del que está enfermo México. Eso no sale en los medios.

Hoy tengo la oportunidad de trabajar con un equipo de personas que han decidido cambiar las cosas, hoy soy parte de ese equipo que ahorra 400,000 hojas de papel al año, de ese equipo de gente que deja de gastar millones de pesos en cosas que se pueden hacer mejor dentro de la institución. Hoy desarrollamos ideas innovadoras para beneficio de los ciudadanos que pagan nuestros sueldos e intentamos hacer que ese desarrollo tecnológico se traduzca en un mejor aprovechamiento de los recursos. Recursos que además no tenemos, y que por cuestiones administrativas nunca van a llegar a nosotros. No son "niños genio" de 15 años, y tampoco hacemos millones vendiendo espejitos. No somos famosos, solamente hacemos nuestro trabajo, día a día.

No, no estamos en los reflectores, por que si usted quiere ser discriminado, ya puede ser negro, homosexual, indígena, mujer o comunista, y habrá alguien de su misma condición haciendo marchas y solidarizándose con usted. Pero si usted quiere ser discriminado y además estar solo, y que no exista un alma que se preocupe de usted, entonces usted lo que debe hacer es hacerse ñoño, hablar de tecnología y no de productos, hablar de ciencia y no de consumo, intentar desvelar los secretos del universo... y en nuestro caso, hacer algo tan sobrenatural como nuestro trabajo, como sobreponernos a las limitaciones políticas y administrativas y demostrar que no hacen falta millones para cambiar el mundo, por que no necesitamos computadoras de marcas vistosas, ni consumir "gadgets"; y mucho menos estamos en las reuniones de "hacking cívico", ni vestimos a la moda con camisetas nerds, no, básicamente estamos muy ocupados trabajando para los ciudadanos y no tenemos tiempo de seguir modas o tendencias,  por que resulta que lo único que hace falta es conocimiento, inteligencia y valor.

lunes, 28 de diciembre de 2015

Para mejorar el mundo...

Para cambiar el mundo, para mejorarlo hace falta gente buena, gente comprometida con su familia y con su país, gente decente que sepa hacer las cosas. Gente inteligente y culta que tenga sepa hacer las cosas, que tenga los conocimientos necesarios y que trabaje para el beneficio de todos y no solamente para el suyo propio...

Para mejorar el mundo hace falta gente valiente, gente que le tenga un desprecio total a su vida, gente a la que no le importe perderlo todo por hacer lo correcto, por mantener inmaculado su Honor, gente que ante todo sea leal a sí misma, a sus más profundas motivaciones y que esas motivaciones estén siempre del lado de la trascendencia de la especie. Hace falta gente realmente fuerte y que tenga una inteligencia a la par, que tenga los medios para sostener su trabajo, para destronar las ruedas que nos trituran y que nos llevan inexorablemente a la extinción (y que los humanos mismos construímos)

Necesitamos gente llena de amor a la humanidad y a la vida en general, gente libre, pero de veras libre... nos sobra esa gente libre que vive atada al televisor, al mandil, o al hambre ancestral. Gente libre de todo atavismo, sí, ejemplares maravillosos, los mejores seres humanos que estén dispuesto a darlo todo por amor infinito a su especie.

Sí, hace falta que gente llena de amor voluntariamente, alegremente se inmole en sacrificio, se enfrente a las balas y a las bombas, a los despidos y a la publicidad (ésta última, que destruye más que cualquier otra cosa inventada por el hombre). Gente que sea imposible sobornar, acostumbrar, guiar a la corrupción, a la ambición, a la comodidad de dejarse extinguir en medio de la clase media.

Gente con un amor infinito, insisto, con un amor pleno, ejemplares maravillosos de seres humanos que combinen amor, sabiduría, fuerza y voluntad. Hace falta que los mejores de nosotros se lancen en sacrificio, que abandonen toda esperanza de felicidad, de cálido hogar, de familia que espera, de seguridad, de fraternal abrazo... que lo abandone todo para salvar a esa muchedumbre paralizada en el estupor del consumo, violentos, reaccionarios, ambiciosos, sucios... una muchedumbre que habitualmente los ridiculiza, amenaza, ataca, mata, destruye, despide, o mata a sus familias si esa gente (que nos hace infinita falta) intenta cambiar hasta el más mínimo engrane del sistema que nos está matando a todos.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Soledades

Lo poco que se escribió al respecto en su momento, y lo poco que se pudo comprender de su ataque después de realizado siempre hacen referencia como si fuera un “Él”, un ente único que actuó. Pero los vestigios no pueden definir totalmente su naturaleza. Sabemos, sin embargo, que hay una intencionalidad en los eventos ocurridos y que su actuación fue reiterada a lo largo de miles de años y en diferentes ocasiones.
Los más ortodoxos se inclinan a pensar que es absurdo pensar en un “Él” cuando en realidad se trata de un fenómeno curioso, endémico quizás de ese mundo, pero no se puede ocultar la intencionalidad, y hay trazas de una organización demasiado compleja como para achacárselo a un mero accidente. Hasta la fecha nuestros científicos más notables siguen trabajando en entender qué clase de ser o entidad (si lo hay) es capaz de ejercer las atrocidades que hemos visto regarse a lo largo de este mundo.
Cuando la primera avanzada científica llegó al planeta notó de inmediato que estaba ahí, más que nada por sus efectos: el lugar estaba devastado, quedaban poquísimos habitantes y estaban aún intentando darse muerte los unos a otros por razones absurdas. Horrorizados, los pusieron en cuarentena y fue ahí donde notaron sus primeras trazas en lo más profundo de sus consciencias.
Lo primero que notaron fue que eran incapaces de comunicarse con otras inteligencias, pero aún eran capaces de comunicarse consigo mismos, aunque a un nivel bastante torpe. También notaron una preocupante falta de empatía tanto entre ellos mismos con como las demás inteligencias de su mundo (no se diga del resto del universo), y una incapacidad de percatarse del entorno. El aislamiento en el que estaban sumidos los volvía sumamente agresivos, emocionalmente inestables y bastante vulnerables. Sospechamos que Él había influido desde hacía siglos en su evolución, pero había sido especialmente activo en tiempos recientes. Después de analizar lo expresado por los demás habitantes de ese mundo, la cosa se volvió también una operación militar.
Comprendo y justifico el envío de tropas a un lugar donde se sospecha que resida algo capaz de acabar así con la vida de un mundo entero, sobre todo si Él sigue por ahí.
Mi equipo llegó con la tercera expedición, después de establecerse el perímetro militar y cuando los principales afectados estaban en cuarentena. Un grupo de biologos ya habían trazado las principales funciones vitales evolutivas, ya habían establecido sus vínculos con otras formas de vida y habían encontrado las primeras trazas de Él en lo profundo de los mapas neurales de la especie más afectada. Nosotros llegamos con la misión de hacer un análisis forense del devenir cultural de las especies ahí presentes.
Dentro de la cuarentena creamos un entorno virtual que les permitía interconectarse dentro de diferentes escenarios. En cada escenario modificamos algunas variables de entorno, introdujimos datos aleatorios, e incluso, en la última, les dimos tecnología electrónica.
Fue hasta entonces cuando se hizo de lo más evidente su estrategia.
Durante las simulaciones de entorno vimos como los individuos empezaban a desarrollar una cultura, ciencia y tecnología. Su evolución se sucedía vertiginosa y vibrante como siempre que florece la vida e inteligencia en un mundo, sin embargo, al acercarse a conocer los fenómenos trascendentes del universo, empezaban a distorsionar su lenguaje, luego poco a poco empezaban a olvidar hasta los principios más obvios de la ciencia, y olvidaban poco a poco los precarios avances que habían logrado.
Las simulaciones las basábamos en múltiples culturas de otros mundos que habían logrado una comprensión importante del universo, mezcladas con elementos autóctonos. Los sutiles elementos culturales eran asimilados por los sujetos en cuarentena y evolucionaban maravillosamente hasta que de pronto algo en lo más profundo de sus consciencias los hacía ser más perezosos, más lentos y, dejando de esforzarse, olvidaban poco a poco el camino recorrido.
Al final cambiar de escenario era fácil pues ellos olvidaban muy pronto lo que habían sido, y para efectos prácticos hicimos que los escenarios tuvieran una sola dimensión temporal; los individuos no eran plenamente conscientes que estaban en una simulación, ni que estábamos ahí, y mucho menos que estaban en cuarentena. Si alguno empezaba a percatarse de ello, inmediatamente los demás le ridiculizaban y reducían (cuando no lo asesinaban directamente) y nos obligaba a reinsertarlo en otro lugar del escenario.
Ante nuestra incapacidad de rastrear genéticamente el fallo que los hacía olvidar, fue que corrimos la última simulación: replicamos y reflejamos a los individuos miles y hasta millones de veces, codificamos los conocimientos trascendentes (pero dejamos algunos grupos con algunas pistas) y les insertamos en el escenario tecnología bastante más simple, más fácilmente replicable y que no requiriese ninguna virtud especial de parte de los individuos para ser usada o comprendida, que requiriese ya de por sí poco esfuerzo por parte del individuo. Nuestra apuesta fue hacer un ambiente propicio a la pereza que los había destruido otras veces para que se mostrara más evidente.
Y funcionó.
Transcurrieron pocos cientos de años desde que les dimos la tecnología para que empezaran a olvidarse de preguntar qué leyes hacían funcionar su tecnología, pese a que se trataba de tesis bastante sencillas; lograron hacer que una gran masa de sus instancias o “posibilidades de personalidad” (pues en realidad solo eran unos pocos cientos de individuos instanciados miles de veces en el escenario, en lugares y entornos distintos) se olvidaran de sus anhelos cognitivos. Notamos como algunos se esforzaron en generar una cultura aberrante, enfocada en una ausencia de ser y dando prioridad a la ilusión.
Entonces Él hizo su entrada triunfal insertando la negación de la trascendencia como algo natural en sus mentes. Su presencia apenas si podía captarse como una leve fluctuación de energía en lo más profundo de las consciencias. Luego los hizo desarrollar hasta hipertrofiar la tecnología que les dimos. Llenaron sus canales de comunicación de basura, de bazofia ególatra y, dado que les hizo creer que lo natural les era ajeno, de estructuras, de formas, de sinsentidos. La tecnología hipertrofiada tomó formas de comodidad estupidizante. En apenas 100 años casi la totalidad de los individuos habían olvidado cosas tan básicas como hacer fuego. Otra fluctuación y empezaron a aceptar como natural una exótica forma de organizarse a manera de pirámide, una jerarquía infuncional y antinatural donde se elegía a un único punto de toma de decisiones (y por razones que aún desconocemos, se le otorgaba una atención especial y arbitraria que hacía que nadie pudiera cuestionar sus actos) que solía ser además asignado por criterios absurdos como la herencia o la simpatía popular.
Nos empezamos a sentir observados, le empezamos a llamar Él y nos dimos cuenta que estaba despierto cuando notamos que empezó a insertar, como si fueran cosa de remoto pasado, algunos textos que aceptaban como una revelación de “divinidad” (una mala interpretación del Absoluto). Así, pudo hacer que miles aceptaran como natural el asesinar a otros que no compartían su enajenación. Cuando sucedió, y dado que actuaba fuera de la concepción lineal del tiempo que era obligada en nuestros escenarios, pensamos que Él era consciente, era una entidad subyacente y holográfica dentro de todas las mentes de los sujetos; supusimos que se dio cuenta de la simulación, pero no pudimos saber si se sintió encerrado o confiado de extenderse.
Nosotros permitimos que uno o dos sujetos de prueba se acercaran a la trascendencia y vimos cómo sus múltiples instancias reflejaron esos conocimientos dentro del escenario. Algunas de las instancias los abandonaron, muchas fueron asesinadas por los ejércitos Revelacionistas y los pocos que conservaron más o menos íntegro el conocimiento se dividieron actuando infectados del más profundo principio de aislamiento de su especie.
Para el final del escenario, los Revelacionistas se transformaron en Negacionistas de la trascendencia, la poca Ciencia que les concedimos empezó a ser usada como arma de intoxicación masiva y miles de instancias de mentes se empezaron a podrir. Muchos de los individuos en cuarentena murieron y explotaron en múltiples instancias que ahora eran solamente válidas dentro del escenario y cada vez quedaba menos de aquel mundo.
Nos sentimos amenazados por la posibilidad de que Él encuentre la forma de abandonar el escenario de simulación e infecte nuestras consciencias. Algunos sugieren que solo puede residir en seres demasiado primitivos o limitados, pues una parte importante para que sea eficiente su engaño es la creencia de que la vida y la inteligencia son cosas aisladas, únicas en medio de un universo absurdamente grande. Pero no por eso bajamos la guardia y las interacciones hacia el escenario son consciensudamente monitorizadas para evitar una transferencia de consciencia indeseable, y aunque sus rastros siempre han sido demasiado sutiles, tenemos fluctuaciones claras de su actuar que nos permiten saber que por lo pronto está aislado.
Algunos estamos sinceramente maravillados de que una criatura así pueda existir, que sea tan sutil y al mismo tiempo tan apegada aún al concepto de individualidad. Hay quién ha sugerido que quizás se trate del remanente de una primitiva civilización, surgida en los albores de este universo y que se aniquiló a si misma en medio de un tremendo sentimiento de soledad, que no pudo saber que junto a Ellos había otros cientos, miles de inteligencias, de culturas, de civilizaciones que estaban por venir; que no terminaron de comprender, de empatizar, que nunca sintieron el dulce ronroneo del Absoluto en el ruido de fondo del Universo. Quizás Ellos en su desesperación se asentaron en las consciencias de esta raza y para sentirse acompañados los aislaron, de todo su dolor nació Él, con su insaciable deseo de arrastrarlos a ese ominoso final que les dio origen.

Lo que único que sabemos es que habrá que tomar una decisión.

jueves, 5 de marzo de 2015

Simios con hambre

hace millones de años, nuestros antepasados tuvieron mucha hambre, tanta que hasta la fecha no pueden llenarse: siguen deseando más, buscando más, matando, despreciando, anhelando más. Nunca tienen satisfacción a su interminable hambre: necesitan más millones, más empresas, más casas, tienen ilusión, se mienten diciendo que son exitosos pero todas las mañanas se levantan con hambre, y como no saben sentir sino hambre, piensan que el hambre es buena, ensalzan el hambre y la carencia: se dicen los unos a los otros que ellos tienen más hambre y les dicen a sus hijos que deben de tener hambre, por que su universo empieza y termina en el hambre, por que no pueden ver sino al oscuro vacío. Unos de esos simios se dieron cuenta y manipularon el hambre de los demás: les dijeron que ellos no tenían hambre (pero por dentro podrían tragarse galaxias enteras sin conocer satisfacción) y que para dejar de tener hambre tenían que jugar su juego, y para jugar el juego hay que gritar que se tiene más hambre. Los ha habido que no sienten el hambre, que comieron, que están satisfechos, que luego se compadecieron, pensaron, se iluminaron, llegaron más lejos... pero entonces los hambrientos llegaron a robar, a rapiñar, a arrasar con todo por que su hambre los consume, por que no pueden ver mas que hacia afuera, por que juegan con las reglas del hambre. Los satisfechos, los plenos no se molestaron demasiado; se saciaron y siguieron adelante sin lamentar pérdidas por que nada podían perder, pero los simios hambrientos se burlaron diciéndoles pobres, y diciéndoles fracasados, y pasearon sus ominosos estómagos vacíos, tan vacíos diciéndoles que eran tontos por no sentir hambre... por que para ellos verlos satisfechos y plenos les duele tanto, les hace sentir tan miserables, tan profundamente vacíos y miserables que ni siquiera lo intentan entender, por que los hambrientos solamente entienden de hambre, y no permiten que se entienda más que de hambre, de vacíos, y consumirían galaxias si los satisfechos no ejercieran suave, compasiva y secretamente su control sobre los pobres desdichados